Usted está aquí

La guía de la música maliense en el exilio

La riqueza musical de Mali es infinita. Por ello cuando milicias islamistas tomaron el control del norte del país y prohibieron la música, torturando y amenazando de muerte a los artistas, y haciéndolos exiliarse, algo había que hacer. Tras el abatimiento, se levantaron y contraatacaron con la única arma que conocían: su arte. Lo veían como un deber por la preservación de su milenaria herencia e identidad cultural. Así nació el documental They Will Have to Kill Us First: Malian Music in Exile (Tendrán que matarnos primero: Música maliense en el exilio) y esta guía musical.

Cuando fundamentalistas islámicos tomaron el control del norte de Mali en 2012, una de sus primeras medidas fue prohibir la música. Lo hicieron a través de la implementación de la Sharía o Ley Islámica.

En la región de Tombuctú, cuna de leyendas como Alí Farka Touré, las estaciones de radio eran destruidas, los instrumentos quemados y los músicos torturados y amenazados de muerte.

Mali, el país de Toumani Diabaté, de Salif Keita, de Amadou & Miriam, de Oumou Sangaré y de Tinariwen, por sólo nombrar algunos, vivía un momento funesto. Los músicos de Gao, Tombuctú y del norte de Mali huían para salvar su vida.

De allí parte el documental They Will Have to Kill Us First: Malian Music in Exile (Tendrán que matarnos primero: Música maliense en el exilio) de Johanna Schwartz, específicamente con el anuncio radiofónico de las milicias islamistas: “Nosotros, los muyahidines, prohibimos la transmisión de cualquier música occidental. Le hemos informado a todos los propietarios de estaciones de radio que no queremos la música de satanás”.

Mali, el país de Toumani Diabaté, de Salif Keita, de Amadou & Miriam, de Oumou Sangaré y de Tinariwen, por sólo nombrar algunos, vivió un momento funesto durante la guerra del 2012. Los músicos de Gao, Tombuctú y del norte de Mali eran torturados y amenazados de muerte por la milicias islamistas, mientras huían al exilio.

“África es un lugar que siempre me ha apasionado”, comenta la directora Johanna Schwartz. “Pero cuando escuché que la música había sido prohibida en Mali tomé un avión y me fui para allá” agrega tras presentar su documental. “No podía imaginar un mundo sin música, especialmente en un lugar donde es tan vital en la vida diaria”, finaliza.

En ese momento no sabía qué saldría de aquello, quizás un reportaje, pero a medida que se inmiscuyó en la historia y comenzó a conocer a los músicos exiliados en Bamako, al sur de Mali, donde el gobierno aún tenía el control, se empezó a gestar el documental. “Es una de esas historias que no te deja indiferente”, asegura.

“Imagina despertar un día y darte cuenta que toda la música ha sido prohibida. Cero radio, ningún concierto, nada de música en bodas, cero repiques de teléfono, cero Internet, nada. Esto es lo que vivieron los personajes de They Will Have to Kill Us First. En Mali la música es un estilo de vida, una de las principales herramientas de comunicación. Cuando escuchas la música de Mali comprendes el origen de su fama, entiendes por qué fue bautizada como la cuna del blues del desierto. El mundo de la música debe muchísimo a Mali”, explica la directora.

“En mi primer día en Mali me llevaron a la casa donde se escondía la cantante Khaira Arby, conocida como el Ruiseñor del Norte. Nos encontrábamos en Bamako, la capital, donde decenas de miles de norteños habían llegado tras la toma del poder de los extremistas. La ciudad estaba a rebosar. Dentro de la casa que Khaira estaba rentando, conocí a su banda y a su familia. Todos estaban muy preocupados. La música no había sido prohibida en el sur pero se veían asustados. Khaira vivía una contradicción, fuerte pero con miedo, enérgica pero vulnerable. Algo me decía que su historia podría llegar al mundo de una manera que los titulares sobre Al Qaeda expandiéndose por África no podría,” explica Schwartz.   

Los músicos del norte de Mali huyeron temiendo por sus vidas, muchos no han podido regresar al día de hoy. No obstante, no depusieron los instrumentos, todo lo contrario, decidieron luchar con la única arma que poseen: la música. Se levantaron por la preservación de su herencia e identidad cultural.           

Si bien They Will Have to Kill Us First presenta imágenes de la toma yihadista de Tombuctú y Gao y la huída de los músicos, retrata también la vida en los campos de refugiados, en las ciudades seguras del sur de Mali, así como en los países aledaños donde también se instalaron algunos de los artistas. Los muestra tocando y retomando su pasión.

Posteriormente, presenta el regreso de algunos a las urbes devastadas por la guerra y las primeras presentaciones de dos de los personajes principales tras la huida de las milicias islámicas y posterior levantamiento de las prohibiciones. El norte de Mali ha sido pacificado, aunque muchos desconfían y creen que se trata de una frágil estabilidad, ya que consideran que los islamistas no han desaparecido, sólo se han replegado.

Los músicos del norte de Mali huyeron temiendo por sus vidas, muchos no han podido regresar al día de hoy. No obstante, no depusieron los instrumentos, todo lo contrario, decidieron luchar con la única arma que poseen: la música. Se levantaron por la preservación de su herencia e identidad cultural.

Son historias dolorosas, pero inspiradoras y llenas de redención. Sin embargo, hay mucha frustración, especialmente cuando vemos a los músicos tomar difíciles decisiones que afectarán trascendentalmente su futuro.

Algunos grupos como Songhoy Blue, a quienes entrevistamos hace pocos meses en World Groove, se han internacionalizado, haciendo apariciones en directo en canales como la BBC y TV5Monde de Francia. Han tocado, junto a Damon Albarn, en el Royal Albert Hall de Londres frente a miles de personas y ahora, tras lanzar su opera prima a finales de febrero, bautizada Music in Exile, están llevando a cabo una gira que los ha llevado por todos los rincones del mundo. Otros no han tenido tanta suerte.

Schwartz  considera que es importante recordar que la situación en Mali representa una alarmante tendencia que se está haciendo cada vez más frecuente en el mundo: el fundamentalismo islámico está atacando la cultura, el arte y las libertades en diversas partes del globo. Están utilizado la religión para justificar destrucción y muerte.

They Will Have to Kill Us First es entonces una llamada de atención sobre un problema que se expande por el planeta y que no siempre llega a los grandes medios.

Con un soundtrack compuesto por algunos de los artistas del norte de Mali más interesantes del momento, organizado por el guitarrista del grupo Yeah Yeah Yeahs Nick Zinner, quien también participa en la banda sonora, They Will Have to Kill Us First funge además como una guía de música maliense.

“Estoy muy orgullosa de haber llevado la historias de estos artistas por todo el mundo. Han pasado por el infierno y sobrevivido para cantar sobre ello. Aun cuando el conflicto en Mali está lejos de acabar, con ataques esporádicos de los extremistas ocurriendo en el norte y el sur hasta el día de hoy, no tengo ninguna duda que estos músicos seguirán levantándose y luchando por su derecho a cantar”, declara optimista Schwartz.

Estas son las bandas que protagonizan They Will Have to Kill Us First, las que conforman esta guía de la música maliense en el exilio. Schwartz dice estar consciente que existen muchos más músicos en el país, pero afirma que se enfocó en aquellos que tuvieron que huir del norte debido a la persecución de las milicias fundamentalistas.

Songhoy Blues

Es probablemente una de las bandas malienses más populares del momento. Sus tres de sus miembros provienen del norte del país, de las legendarias ciudades de Gao y Tombuctú. Desde muy jóvenes estuvieron en contacto con la rica escena rítmica maliense por lo que su inclinación por la música no es de extrañar. Se conocieron en Tombuctú debido a sus intereses comunes. Todos tocaban por su cuenta y ejercían la profesión artística individualmente.

Con motivo del conflicto de 2012, la implementación de la Sharía y posterior persecución, los integrantes de Songhoy Blues huyen a la capital: Bamako, lejos de las zonas controladas por los rebeldes y donde el gobierno sigue ejerciendo funciones. Es allí donde realmente se gesta la banda. Como respuesta a su situación y a la intolerancia vivida, deciden unirse e incorporar un baterista originario de Bamako, y comenzar a tocar de nuevo. Otros en su situación, emigrados del norte que han llegado a la capital en busca de estabilidad y huyendo de la guerra, serán los primeros que los inviten a tocar a sus casas, a sus fiestas y a sus bodas.

“Cuando escuché que la música había sido prohibida en Mali tomé un avión y me fui para allá” afirma Johanna Schwartz, directora de They Will Have to Kill Us First: Malian Music in Exile. “No podía imaginar un mundo sin música, especialmente en un lugar donde es tan vital en la vida diaria”.

Es en uno de estos conciertos, en un bar de Bamako, donde conocerán a Marc-Antoine Moreau, quien trabaja en el proyecto Africa Express, de Damon Albarn, Brian Eno y Nick Zinner. Africa Express es un canal para la colaboración entre músicos occidentales y africanos, así como para la difusión de la cultura y la música de África. Songhoy Blues aparecerá entonces en el compilado Maison Des Jeunes, con la canción Soubour.

Paralelamente en Bamako entrarán en contacto con Johanna Schwartz, quien los conoce durante el rodaje de They Will Have to Kill Us First¸ convirtiéndolos en una de las figuras centrales del film. Una de las frases más importantes del documental proviene del cantante de la banda Aliou Touré: “¿Usar la religión como argumento para atacarnos? ¡No entienden nada! Ellos (las milicias fundamentalistas) no pueden enseñarnos absolutamente nada sobre el islam”.

La relación con Africa Express no termina allí, la organización facilitarán su venida a Europa, donde comenzarán a tocar constantemente, así como a grabar su primer disco Music in Exile (Música desde el exilio), publicado a finales de febrero.

El estilo de Songhoy Blues reúne un poco de blues del desierto, de música songhai, y que ha sido definido por algunos medios como “R&B del desierto”.

Songhoy Blues ha hecho apariciones en directo en canales como la BBC y TV5Monde de Francia. Han tocado, junto a Damon Albarn, en el Royal Albert Hall de Londres frente a miles de personas y ahora, tras lanzar su opera prima a finales de febrero, están realizando una gira que los está llevando por todos los rincones del mundo.

Para saber más sobre esta banda, su gira o nuevas publicaciones han creado songhoy-blues.com

Fadimata “Disco” Walet Oumar

Fadimata Walet Oumar, mejor conocida como Disco, es una conocida cantante del norte de Mali, líder del célebre grupo Tartit, activista social y militante de derechos humanos reconocida por Naciones Unidas. Disco está casada con uno de los líderes del Movimiento Nacional para la Liberación del Azawad (MNLA), el primer grupo separatista tuareg del norte en rebelarse en 2012 contra el gobierno central. No obstante, su movimiento fue secuestrado por sus aliados, las milicias islamistas de Ansar Dine, mucho más radicales, con quienes terminaron enfrentados, y que expulsaron al MNLA de Tombuctú y Gao.

Disco organizaba eventos musicales en el campo de refugiados donde residía en Burkina Faso y es un apoyo constante para los músicos exiliados de Mali. Se dice que cuando Disco regrese definitivamente a Tombuctú, todos los demás la seguirán.

El esposo de Disco, general en el ejército de Mali hasta que desertó para unirse al MNLA, ha participado en las conversaciones de paz con el gobierno central con miras a la expulsión de las milicias islamistas, lograda parcialmente con la ayuda del ejército francés. Tanto Fadimata Walet Oumar, como su esposo, son tuareg, un pueblo que no es ajeno a las tensiones con el estado y que por años se ha sentido discriminado, por ello el levantamiento original del MNLA.

Disco pertenece a Tartit, un grupo musical tuareg con casi veinte años de trayectoria, compuesto mayoritariamente por mujeres. Si bien su sonido tiene mucho de música tradicional tuareg, evoca un poco el blues del desierto. Suelen utilizar instrumentos como el imzad, de cuerda, y el tinde, percusión, a la vez que otros miembros aderezan el sonido con el ngoni, también de cuerda, y la guitarra. Las palmadas son otro de los recursos constantes de Tartit.

Tartit posee tres discos: Amazagh (1997), Ichichila (2000) y Abacabok (2006), y era un participante permanente de los populares festivales musicales de Tombuctú y de todo el oeste de África. Si bien tras el conflicto los miembros de la banda se refugiaron en países distintos, algunas en Mauritania, otras en Burkina Faso, durante el 2013 parte de ellas se reunieron y estuvieron de gira por Norteamérica en lo que se conoció como el Caravan for Peace Tour (Tour Caravana por la Paz). En el pasado, antes de la guerra, ya habían visitado Sudamérica, Europa y Asia.

Una frase de Fadimata Walet Oumar es la que da nombre al documental They Will Have to Kill Us First: “Si me matan no podré tocar más. Pero mientras esté viva lo seguiré haciendo. Tendrán que matarnos primero”.

Moussa Sidi

Guitarrista tuareg de blues del desierto, Moussa Sidi es sobrino de Fadimata Walet Oumar. Cuando las milicias islamistas llegaron a Gao, donde residía, decidió no resistirse y dejar a un lado la música, al menos temporalmente mientras la situación se calmaba. En algún momento incluso llega a declarar: “En cuanto a la Sharía no tengo problema, porque si no haces nada malo, no te pasará nada”.

Cuando la situación empeoró decidió huir, aunque su esposa prefirió quedarse. Parte de su familia se unió al MNLA por lo que su mujer fue apresada por Ansar Dine, acusada de simpatizante.

Durante el film Moussa regresa a Gao y se reencuentra con su esposa, ya liberada tras la expulsión de los islamistas, mientras intenta recuperar su vida. Sidi continúa labrando su camino artístico ante la adversidad.

Kharia Arby   

Conocida como el Ruiseñor del Norte, Khaira Arby es de la region de Agouni, al norte de Tombuctú. Su familia posee varias raíces, su madre es songhai y su padre bereber, por ello canta en varias lenguas: árabe, tamashek, songhai, entre otras, a la vez que utiliza una variedad de instrumentos y ritmos de diversas tradiciones.

Si bien en su juventud su padre le prohibía cantar, Kharia Arby se dedicó al arte y se convirtió en una estrella reconocida en Mali. Su carrera comienza con la Orchestre Badema en Bamako, con quien participó en varios festivales de la zona y grabó su primer trabajo Ya Rassoul.

En 2010 publica el álbum Timbuktu Tarab el cual fue aclamado internacionalmente por la crítica. El New York Times lo llamó “uno de los mejores álbumes de la década”, a la vez que obtuvo el premio Tamani D’Or en Mali.

Khaira Arby es prima del legendario Alí Farká Touré, parentesco que se siente en su estilo musical, sobretodo en sus guitarras, aunque su estilo mezcla un poco de todos los ritmos de la música maliense. No en vano proviene de una familia con diversos orígenes.

Durante la guerra la vivienda de Arby fue saqueada, sus instrumentos y discos destruidos. Sin embargo, más allá de las amenazas, es una militante incansable. Fue ella quien organizó el primer concierto en Tombuctú tras el conflicto, donde se presentó junto a Fadimata Walet Oumar, para probar que los músicos no iban a ser silenciados. Sin embargo, la aparición del Estado Islámico en la región ha vuelto a poner en peligro su sueño de volver definitivamente a su hogar.

 

Estamos en redes ¿ nos sigues ?