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Esquivel, Latin-Esque

Imagen de pablo

Quizás el nombre de Juan García Esquivel no te diga mucho, pero este músico mexicano puede ser considerado como uno de los primeros artistas sonoros en la historia de la música. Esquivel fue un músico adelantado a su época, debido al sonido que imprimió en todas sus composiciones y las experimentaciones sonoras que logró obtener con los (hasta entonces pocos) avances tecnológicos de sus tiempos. El genio y la imaginación de este compositor no sólo se expresaron en la búsqueda de nuevos sonidos, sino que lo llevaron a concebir la música de una manera diferente, donde no sólo era importante la composición, sino el diseño del sonido en términos del espacio. Esta “espacialidad” de la música se vio expresada en dos ámbitos. Por un lado, fue pionero en el desarrollo del género lounge y la llamada “space-age pop”, donde se buscaba crear música pensando en los espacios, en la comodidad y en un estilo de vida particular donde predominaba la cultura por el placer y la elegancia. Por el otro, fue el primer músico en grabar un disco totalmente en sonido estéreo. Esta obra se llamó Latin-Esque.

 

Latin-Esque vio la luz en 1962 y se grabó en los estudios RCA Victor de Hollywood. El disco pertenece a la serie de grabaciones que la disquera publicó bajo el lema: música que tus ojos pueden seguir (music that your eyes can follow). Unos años antes, Esquivel ya había publicado un par de obras llamadas Exploring New Sounds In Stereo (RCA, 1956) y Other Worlds Other Sounds (RCA, 1958), donde manifestaba su interés por la exploración sonora. Pese a esto, no fue hasta 1962 que, gracias a su ingenio, sus vastos experimentos y la ingeniería de los estudios RCA llamada Stereo Action, logró una grabación en sonido estéreo con una plena separación de canales de audio, la primera en la historia. Para lograr esto, Esquivel separó a la orquestra en dos estudios (localizados a una cuadra de distancia) y conectó a todos los músicos mediante un complicado sistema de comunicación vía audífonos. Todo esto fue grabado con la tecnología estéreo de “tres canales” de aquel entonces, con la ayuda del productor Neely Plumb, el ingeniero de sonido John Norman y Stanley Wilson como director del segundo grupo de músicos.

 

En el trabajo previo, se realizaron cinco sesiones experimentales con las dos orquestas, donde Esquivel y su equipo probaron diferentes modos de grabar y los sonidos se filtraban por diversos efectos electrónicos. Todo esto fue concisamente registrado en una bitácora, la cual sirvió de referencia durante todo el proceso de grabación. Esquivel logró coordinar dos orquestras que se mueven, literal, de un lado otro, creando una sensación nunca antes vista ni sentida, como si con la mirada pudieras seguir el camino del sonido. De izquierda a derecha y al revés. Trompetas que pasean de lao a lado, una orquestra completa que se tambalea de atrás para adelante, un piano que toca la melodía en el lado izquierdo y se escucha su eco inmediato en el extremo opuesto, voces que empiezan a cantar en canon de un lado y se queda su eco sostenido por el otro, percusiones que dejan sentir el latido del tambor de un lado a otro y de regreso. Todo esto acompañado por bellas melodías, arreglos ingeniosos, ritmos latinos sabrosos y sonidos espaciales, nuevos, raros y futuristas. Las voces se pasean y los sonidos rebotan por tu cabeza como si estuvieras en un juego de ping pong.

 

Para esta obra maestra del ingenio y la tec- nología, nuestro aventurado músico escogió varios “estándares” de la música popular mexicana y latinoamericana. Canciones que inmortalizaron grandes voces como la de Pedro Infante o composiciones de Agustín Lara y Manuel M. Ponce, pasaron por el filtro implacable de Esquivel con un retoque moderno y futurista. Sin duda era algo muy atrevido para la época, sobre todo porque eran canciones muy populares, y la gente no estaba acostumbrada a oír arreglos con un theremin, un fender rhodes, campanas chinas o un scratcher. Al menos en México, ni siquiera era imaginable que esas cancio- nes tan “bonitas” pudieran tener arreglos para estas grandes orquestras de swing hollywoodenses a la Ray Coniff con los tintes futuristas que Esquivel le aderezaba. Pese a todo, la música suena fresca, ligera y muy divertida. En este disco también se incluyeron composiciones propias, como “Mucha Muchacha”, que se convertiría en un himno del compositor mexicano.

 

Esquivel dejó una enorme biblioteca de sonidos para los estudios en los que trabajó, y varios programas de televisión y películas usaron sus composiciones. Quizás la más escuchada (y la menos reconocida de todas) es la introducción con fanfarreas de las películas de los estudios Universal. Aunque grabó varios discos más, Esquivel se alejó de los estudios de grabación para dedicarse a crear shows en vivo con bailarinas, luces y corografías en los clubes más selectos de Las Vegas. Se dice por ahí que Frank Sinatra era uno de los espectadores más constantes a estos shows. La leyenda cuenta que nuestro compositor se convirtió en un enamorado de la buena vida y de los excesos que sólo una ciudad como Las Vegas pueden brindar. Pese a todo, logró vivir 84 años y alcanzó a respirar un par de años en el nuevo milenio. Todavía, un año antes de morir y en su silla de ruedas se casó con su sexta esposa. Su música tuvo mucho éxito durante los años cincuenta y sesenta. Aunque tuvo un periodo de olvido, en la última década del siglo pasado su música vivió un resurgimiento inesperado debido al desarrollo de la música electrónica, en especial de la música lounge. Quizás es a Esquivel a quien le debamos el regreso de los lentes de pasta, porque creo que también él (eso no lo he investigado) fue de los primeros en usarlos. O al menos en su época estaban también a la moda.

 

Quizás el nombre de Juan García Esquivel no te diga mucho, pero este músico mexicano puede ser considerado como uno de los primeros artistas sonoros en la historia de la música." data-share-imageurl="">

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