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Kepler y la música de las esferas I

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¿Qué relación guardan las notas musicales y el movimiento de los planetas? Hoy día parece ser que la respuesta más sensata es que no tienen relación alguna. Sin embargo, la búsqueda por demostrar dicha relación llevó al célebre astrónomo renacentista Johannes Kepler a descubrir lo que más tarde serían las leyes sobre el movimiento de los planetas alrededor del Sol.

La música y la armonía secreta del cosmos

La antigua escuela pitagórica de pensamiento (siglo VI a.C.), dio vida a la teoría de la armonía de las esferas. Teoría que unifica las matemáticas, la cosmología y la teoría musical, cuya influencia en el pensamiento filosófico y científico se extiende hasta el Renacimiento. 

Para entender esta teoría cabe recordar dos conceptos clave para los pitagóricos: número y armonía. De acuerdo con ellos, el número es el fundamento del universo en tanto que, a través de las matemáticas, es posible determinar la relación y orden de todo cuanto existe. Más allá de la apariencia sensible de los objetos, aquello que nos permite aprehender su realidad más estable y profunda es el número, que es lo que da lugar a la existencia de las cosas.

Los pitagóricos sostienen una concepción espacial de los números que se traduce en la geometría oculta del universo entero. El número uno corresponde a la unidad de todo, al principio que por ser uno, necesariamente debe ser ilimitado y refiere al punto; el número dos es el que aporta lo limitado, el desdoblamiento de la unidad de la que se desprenden todos los demás números y corresponde a la línea. El tres es la superficie (sucesión de líneas) y el cuatro, a su vez, el volumen (superposición de superficies). De la suma de estos números (1+2+3+4) se obtiene el diez, el número que constituye la totalidad del universo, representado por el símbolo místico de la tetraktys:

Por otro lado, el concepto de armonía también fue crucial para Pitágoras y sus seguidores. “La armonía nace sólo de los contrarios; porque la armonía es la unificación de muchos términos distintos y acuerdo de elementos discordantes”, dice el pitagórico Filolao. Así pues, la armonía es un concepto de carácter metafísico aplicable tanto al universo como al cuerpo, al alma o la sociedad. Dada la ya señalada importancia del número para las ideas pitagóricas, la armonía se halla en la perfección de los números, en la proporción y medida que mantiene el equilibrio de los contrarios o discordantes. Pero entonces surge la pregunta, ¿Cuáles son las proporciones numéricas que expresan dicha armonía? La clave para responder a ello está en la música.

A los pitagóricos se le atribuye el haber descubierto la proporción numérica que subyace a los intervalos musicales. Dentro de estas proporciones, ellos encontraron que aquellas que son consonantes, que agradan naturalmente, comprenden las obtenidas a partir de la división de una cuerda musical en dos, tres y cuatro partes iguales, es decir, las que coinciden con los números que comprenden el orden universal expresado en la tetraktys. De allí que la belleza armónica musical fue atribuida a la perfección numérica. Las relaciones musicales aparecieron entonces como la revelación más clara y tangible del nexo entre armonía y número.

A partir de lo anterior, no resulta extraño que los pitagóricos consideraran que las relaciones musicales pudieran ser también modelo de la armonía misma del cosmos, que es a lo que se refiere la idea de la “armonía de las esferas”. Según esta teoría, el ordenamiento de los cuerpos celestes hasta entonces conocidos debe corresponderse con las armonías musicales de forma tal que estos en su movimiento producirían una hipotética música perfecta que, sin embargo, es imperceptible al oído humano porque –nos informa Aristóteles- los pitagóricos pensaban que estábamos tan habituados a ella como sonido de fondo desde nuestro nacimiento que no podemos distinguirla.

El cómo producen los cuerpos celestes esta supuesta música es algo que generó distintas vertientes de explicación, pero de ello les hablaré en la siguiente entrega. Basta por ahora agregar que estas ideas pitagóricas tuvieron hondas implicaciones en el desarrollo del pensamiento occidental durante la Edad Media y hasta finales del Renacimiento. Esta música inaudible derivada de la perfección numérica, en tanto especulación abstracta que conduciría al conocimiento de las leyes armónicas que rigen el universo, fue encumbrada por Boecio, quien la colocó al lado de la aritmética, la geometría y la astronomía como parte de los conocimientos esenciales que debía dominar el hombre libre; su famoso Cuadrivium que se estableció como curriculum pedagógico bajo el cual fueron educados buena parte de los filósofos y después científicos que dieron lugar a la revolución epistemológica a la que se sumó Johannes Kepler.

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